En el negocio pequeño, el cobro sin efectivo llegó por la cuenta bancaria más que por la terminal. Sobre sus efectos, la evidencia mexicana se reduce a un estudio causal con datos de hace más de una década y a los testimonios de los propios comerciantes.
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El efectivo sigue en ocho de cada diez negocios, y la transferencia ya rebasó a la tarjeta.
Según los resultados oportunos de los Censos Económicos 2024 del INEGI, 83.8% de los negocios privados y paraestatales cobró sus ventas en efectivo en 2023, contra 94.9% en 2018. En esos cinco años, la parte que recibió transferencias casi se duplicó, de 8.8% a 16.7%, y la que aceptó tarjeta pasó de 9.8% a 15.1%. Cada negocio podía marcar varios medios, así que los porcentajes no suman cien.
Las cifras son preliminares. El INEGI indica además que en este censo agregó la tarjeta como medio de pago, aunque publica una cifra para 2018, de modo que su avance se lee con cautela. Para recibir una transferencia basta una cuenta; la tarjeta pide también una terminal y una comisión por cobro. El Censo no pregunta por qué un medio creció más que el otro, aunque la diferencia de requisitos es compatible con el orden en que llegaron.
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Arriba de las diez personas, cobrar sin efectivo deja de ser la excepción.
En 2023 aceptaba tarjeta uno de cada siete negocios de hasta diez personas y uno de cada dos de 11 a 50.
El promedio nacional retrata sobre todo al micronegocio: de las 5,468,180 unidades económicas censadas en 2023, 95.4% tenía diez personas o menos, según los resultados definitivos que el INEGI publicó en 2025. El Resumen de resultados oportunos del mismo censo ubica el salto. En 2023 aceptaba tarjeta 13.5% de los negocios de hasta diez personas y 51.1% de los de 11 a 50. Recibía transferencias 14.6% de los primeros y 57.7% de los segundos.
Otra encuesta, con un universo distinto, llega al mismo resultado. La ENAFIN 2024 del INEGI y la CNBV, que cubre empresas de seis o más personas en localidades de 50 mil habitantes o más, encontró que en un mes típico de 2023 79.8% de ellas recibió pagos en efectivo y 78.4% por transferencia. En ese universo, la transferencia ya está a la par del efectivo.
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El cliente ya maneja su cuenta desde el celular, pero las compras chicas las paga en efectivo.
Según la ENIF 2024 del INEGI y la CNBV, en las compras de 500 pesos o menos el efectivo fue en 2024 el medio más frecuente para 85.2% de las personas de 18 a 70 años, y la transferencia o el pago con celular, para 4.4%. Ese mismo año, 69.1% de quienes tienen una cuenta de ahorro formal la manejaba desde una aplicación, quince puntos más que en 2021. El medio para pagar sin efectivo está en manos del cliente, pero casi no se usa en el mostrador.
La región también cuenta. En la misma encuesta de 2024, 45.5% de los adultos dijo que en todos o casi todos los negocios donde compra le aceptaban tarjeta o transferencia; en el noroeste la proporción fue 65.7% y en el sur, 29.8%. México queda atrás en la comparación regional. Según el Global Findex 2025 del Banco Mundial, 26.0% de los adultos mexicanos hizo en 2024 un pago digital a un comercio, contra 42.5% en los países de ingreso bajo y medio de América Latina y el Caribe.

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La transferencia que creció es el SPEI de siempre; CoDi y DiMo se quedaron al margen.
De acuerdo con el Informe anual sobre las infraestructuras de los mercados financieros 2025 del Banco de México, las transferencias SPEI entre usuarios finales pasaron de 388.9 millones en 2016 a 7,302.4 millones en 2025, casi 19 veces más. CoDi, el cobro con código QR que el Banco de México lanzó en 2019, cerró 2025 con 1,081 comercios inscritos, según el mismo informe. Según la ENIF 2024, cerca de 5% de los adultos lo había usado alguna vez, y DiMo, la transferencia con número de celular, poco más de 1%.
Cuando un negocio pequeño acepta transferencia, entonces, recibe en la práctica un SPEI ordinario desde la aplicación del banco del cliente. Brasil ofrece el contraste. Según Argente, González Álvarez, Méndez y Van Patten, en un documento de trabajo del NBER de 2025, Pix, el sistema brasileño, llegó a 60% de los adultos en su primer año. Los autores atribuyen la distancia con CoDi a que en México participar era voluntario y a que CoDi no deja comisión a quien lo ofrece. También observaron que en Brasil y Costa Rica las empresas aceleraron su adopción cuando más de 70% de las personas ya usaba el sistema.
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Aceptar pagos digitales trae ventas cuando los clientes ya pagan así.
La evidencia causal más sólida para México es el estudio de Sean Higgins publicado en 2024 en la American Economic Review. Entre 2009 y 2012, el gobierno repartió un millón de tarjetas de débito a hogares pobres. Según el estudio, las tiendas pequeñas instalaron terminales, los consumidores de mayores ingresos movieron hacia ellas 13% de lo que gastaban en supermercados, sus ventas y utilidades subieron, y la adopción de tarjeta entre otros consumidores aumentó 21%. La adopción del negocio siguió a la de sus clientes. Los datos son de una época sin lectores móviles ni SPEI masivo; el estudio documenta un mecanismo más que magnitudes vigentes.
Los cambios dentro del negocio se conocen por los comerciantes. En grupos de enfoque con 19 comerciantes de la Ciudad de México y Guadalajara que tenían un lector de tarjeta, lo usaran o no, publicados por Wall y Higgins en el blog del CEGA de Berkeley en 2018, los dueños mencionaron menos efectivo en caja, menos viajes al banco, reportes de ventas y la retención del cliente que sale a buscar un cajero y ya no vuelve. La desventaja más citada fue la comisión.
Cada cobro digital deja constancia de la venta, el tema de Separación de finanzas y registros contables en el negocio pequeño. En India, quienes más usaban pagos sin efectivo obtuvieron más crédito de prestamistas digitales y tuvieron menos impagos, según Ghosh, Vallée y Zeng en el Journal of Finance en 2025. No se halló evidencia equivalente para México.
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La comisión casi no ha bajado desde 2016, aunque no es lo que más detiene a los negocios.
La tasa de descuento promedio, lo que el comercio paga por cada cobro con tarjeta, fue de 1.69% en débito y 2.15% en crédito en 2025, contra 1.77% y 2.21% en 2016, según el mismo informe del Banco de México. El banco central cambió en 2024 el cálculo de ese promedio, por lo que la comparación es aproximada. En el mismo informe reconoce que las cuotas altas desalientan la aceptación de tarjeta en los comercios chicos o de bajo volumen.
Las empresas que no aceptan tarjeta dan otras razones primero. Según la ENAFIN 2024, de las que no la aceptaban en 2023, 30.0% prefería el efectivo y 29.0% dijo que sus clientes no la pedían; el costo lo mencionó 16.3%. Una parte de la resistencia es inercia. En un experimento con 33,978 negocios mexicanos, Gertler, Higgins, Malmendier y Ojeda (NBER, 2025) observaron que muchos dejaron pasar una comisión más baja que les ofrecía una empresa de pagos, y que un recordatorio subió la aceptación 15%.
Ningún estudio reciente mide en México qué le ocurre a un negocio pequeño cuando empieza a cobrar por transferencia o con terminal. En los casos con datos, las tiendas mexicanas con tarjeta y los pagos instantáneos de Brasil y Costa Rica, la secuencia es la misma: los clientes adoptan el medio primero y los negocios que les cobran, después.



